Colección salón AURA
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Llevas semanas buscando piso, por fin encuentras uno que cumple tus expectativas, firmas el contrato, pero… está más vacío que tus ganas de mudarte otra vez en cinco años, o peor, está amueblado con cosas que no te gustan, que no combinan entre sí y que el propietario no va a retirar.
Amueblar un piso de alquiler tiene una dificultad añadida respecto a amueblar una casa propia: no sabes cuánto tiempo vas a quedarte. Y eso cambia mucho la ecuación a la hora de decidir en qué gastas el dinero y en qué no.
¿Merece la pena invertir en muebles si no sé si voy a estar aquí dos o diez años?
La respuesta corta es sí, pero con cabeza. Comprar muebles de calidad en un alquiler no es tirar el dinero, siempre que elijas piezas que puedas llevarte cuando te mudes. La clave está en distinguir qué es tuyo y qué pertenece al espacio.
Hay muebles que valen la inversión sin importar cuánto tiempo te quedes, porque son piezas que se llevan contigo a cualquier sitio.
La cama y el colchón son los primeros en esa lista. Dormir bien no es negociable y un colchón de alquiler tiene un historial que desconoces por completo. Es una compra personal que se amortiza noche a noche y que va contigo a tu próxima casa.
El sofá es otra pieza que vale la pena elegir bien. Si el piso viene sin sofá o con uno que te parece incómodo, comprar uno que te guste de verdad es una inversión en calidad de vida diaria. Eso sí, mide bien antes de comprarlo: lo que cabe en este salón puede no caber en el siguiente.
La mesa y las sillas también suelen ser una buena compra. Son muebles versátiles, fáciles de trasladar y que definen mucho el ambiente de una casa. Una mesa extensible, por ejemplo, es especialmente práctica porque se adapta tanto a pisos pequeños como a espacios más grandes.
Las estanterías y los muebles de almacenaje también merece la pena tenerlos propios. Primero porque casi ningún piso de alquiler tiene suficiente almacenaje. Y segundo porque son piezas fáciles de desmontar, transportar y adaptar a distintos espacios.
Hay otro tipo de compras que, en un alquiler, pueden convertirse en un problema más que en una solución.
Los muebles grandes y fijos son el primer riesgo. Un armario empotrado, una librería hecha a medida o una cómoda enorme pueden no caber en el siguiente piso y acabar en el contenedor o en el trastero de alguien. Si necesitas almacenaje, opta por módulos o piezas modulares que se reorganizan según el espacio.
Los muebles muy personalizados o con un estilo muy marcado tampoco son la mejor apuesta cuando no sabes dónde vas a vivir dentro de tres años. Una pieza que encaja perfectamente en este salón puede desentonar completamente en el siguiente. Lo neutro y lo atemporal siempre gana en situaciones de incertidumbre.
La decoración fija es otro capítulo aparte. Pintar paredes, poner papel pintado o colgar muchos cuadros con taladro puede generarte problemas al devolver el piso. Hay alternativas que no dejan huella: estantes con sujeción adhesiva, marcos de fotos de pie, plantas, textiles y velas hacen mucho más de lo que parece sin tocar las paredes.
Cuando vives de alquiler, cada mueble que compras debería superar un test mental: ¿esto cabe en un furgón de mudanza? ¿Se desmonta fácil? ¿Funciona igual en un salón rectangular que en uno en L?
Los muebles modulares son perfectos para esta situación. Una composición de salón que hoy tiene cuatro módulos puede reducirse a dos si el próximo piso es más pequeño, o ampliarse si tienes más espacio. Te compras el mueble una vez y lo adaptas al espacio que venga.
Uno de los errores más habituales al amueblar un alquiler es pecar de exceso de neutralidad. Todo blanco, todo sin personalidad, todo intercambiable. El resultado es una casa que parece un catálogo de muebles y no un hogar.
El equilibrio está en elegir una base de colores neutros para los muebles grandes (los que son más difíciles de cambiar) y añadir personalidad a través de los textiles, las plantas y los detalles decorativos que puedes renovar y llevarte sin complicaciones.
La lógica para amueblar un alquiler siendo inquilino es simple: gasta el dinero en cosas que se van contigo. La cama, el sofá, la mesa y el almacenaje modular son inversiones que van a estar en tu vida mucho tiempo. El resto, mantenlo ligero, neutro y fácil de cambiar.
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